Puerto Rico. Cuaderno de Bitácora

Como todos los viajes transoceánicos, un viaje de estas características tiene sus complicaciones: horas de vuelo que acumulan cansancio e incomodidad, maletas y bártulos que se extravían, pasaportes cuyas fotografías distan mucho de la realidad… Pero todo eso se pasa por alto cuando por fin consigues aterrizar, aunque sea a las 2.30 de la mañana, en Puerto Rico.

Sales del aeropuerto y se respira la humedad, la calidez que solo las islas saben aportar, ese salseo que recorre la sangre del pueblo latino y sale por los altavoces de la radio del bus. Con cada capa de ropa del invierno de España que te vas quitando, con ella van cayendo todas las dudas sobre la factibilidad del proyecto, el cansancio acumulado y el malestar de la burocracia.

Cuando nos encaminamos hacia el puerto todos los rostros están pegados a las ventanas, intentando empapase del primer contacto con la ciudad. Una ciudad en silencio donde solo ruge el motor del bus que a cada metro nos acerca a nuestro hogar, el Aquarela.

La isla nos muestra como intenta mantenerse lo más autentica e intacta posible a pesar del imperialismo estadounidense, que la absorbió en su momento. Si toda esa esencia es capaz de mostrarla en apenas unas horas… ¿De qué será capaz esta ciudad mañana?

Llegamos a la entrada del puerto y empieza el movimiento y el ajetreo propio de la descarga de todo el equipo, lo que a partir de ahora será una constante en nuestro día a día. Y de repente… Asoma la cabecita nuestro capitán, Mario. No hace mucho que lo veíamos ¿verdad? Qué lento pasa el tiempo lejos del Aquarela.

Y ahí está, con las luces encendidas, recibiéndonos; abrazos, risas, anécdotas… Y la diferencia horaria empieza a pesar. Por lo que organizamos la mañana siguiente y empieza con una conferencia en la casa club del puerto.

Somos gratamente recibidos, Ricardo de UNA-USA Puerto Rico es una persona completamente accesible que se ha puesto a nuestra disposición para ayudarnos y darnos toda la visibilidad que sea posible. Son varias las instituciones que están presentes en el acto, pero, por desgracia, son muchas las sillas que se quedan vacías debido a que todos los medios locales deben cubrir lo relacionado con los seísmos que acontecen a la zona desde hacer días.

Terminada la conferencia y con todo el apoyo recibido nos encaminamos hacia el bosque tropical donde conversaremos con Tana Wood sobre el Proyecto Trace. ¿Calentar una parte del bosque delimitado a conciencia para ver los devastadores efectos que tendría su transposición a la totalidad del planeta? Suena ambicioso y lo es…

Vemos las casas pasar, edificaciones que intentan atraer tu atención, pero nada tienen que competir con las palmeras, una pequeña iglesia destaca… Y, de repente, el bosque se traga la ciudad.

Nos adentramos en el Yunque, una selva que los puertorriqueños no desean dominar, es salvaje y bella. Pero también ha sufrido en ciertos periodos históricos el embate de la humanidad de su peor potencial: como lugar de experimentación de gas napal y naranja.

Pero actualmente las perspectivas para ese bosque son más halagüeñas. La resiliencia y resistencia de este son inusualmente buenas. El huracán lo arrasó por completo y en apenas dos años el verdor lo cubre todo.

El Proyecto Trace divide parte del bosque en estaciones de calentamiento y control que toman una serie de medidas y muestreos sobre el calentamiento del ambiente, de los árboles e, incluso, de las hojas. Pero, por desgracia, el proyecto se vio prácticamente destruido por el huracán y hubo de reconstruirse, provocando que no haya resultados concluyentes. Al menos tenemos una cosa clara, hay esperanza, el bosque sabrá recuperarse y adaptarse a la situación.

El día siguiente queda dedicado por completo a la organización Para la Naturaleza de la Reserva Nacional de Cabezas de San Juan. Esta isla no deja de sorprender. La broma de que nos encontramos en Jurassic Park reina en el equipo.

La intención con la que hemos venido al parque ha sido darle la importancia que se debe a los manglares, ya que cumplen una serie de servicios ambientales que son claves contra el cambio climáticos y a los que no se les da el valor que se debe. Leonor nos cuenta no solo la importancia de los mismos, la gran labor de reforestación que están llevando a cabo, sino también los problemas en los que se encuentran debido a los últimos seísmos. Ya que la institución activó el protocolo contra terremotos y ciertas zonas de la reserva se han visto muy afectadas por derrumbes.

Pero a pesar de todo, nos adentramos en el mangle, nos sorprenden las pequeñas playas lagunares que rodean la zona, la calidez de esta y la vida que albergan. Viendo ese entorno resulta tristemente sorprendente pensar que hubo un tiempo en que el gobierno instó a la población a cortar el manglar y construir sobre él. La ignorante idea de que por transmitir un olor relativamente desagradable proveniente de la materia en descomposición era un lugar de enfermedades, provocó la practica exterminación del mismo. Pero es un bosque fuerte, tarda en formarse más que los bosques pluviales ya que necesitan nutrientes de la materia orgánica, pero aun así siguen creciendo.

Particularmente fui muy afortunada puesto que el equipo de Para la Naturaleza contaba con un arqueólogo que llevaba un tiempo extrayendo piezas de la zona, por desgracia, descontextualizadas. Pero la cerámica y restos óseos de una civilización que dataría del 700 u 800 d.C. no deja de resultar bello.

Terminamos la jornada henchidos de la emoción de lo vivido, y nos preparamos para la siguiente aventura: Ponce.

Ponce es el epicentro de los terremotos. La destrucción y el caos reinan. La ciudad está completamente vacía. La gente intenta salvar lo que puede y marcharse de ahí. Los ancianos no saben a dónde ir, y el temor a que un terremoto los pille dentro de sus viviendas los obliga a dormir en las calles o en los coches. Las madres meten a sus bebés en cajitas con las que duermen abrazados en las aceras de las calles.

La ansiedad reina la situación. Pero no son un pueblo que se venga abajo con los desastres que les vienen. En cuanto pasa la noche y la desamparada situación pasa, Ponce se pone en marcha. Son luchadores natos pero, sobre todo, son hermanos. Todos los que pueden ayudan a los que más han sufrido el embate del tiempo. No dejan tiempo al lamento ya que todos están dispuestos a reconstruir su ciudad con sus propias manos si hiciera falta.

Por lo que cuando llegamos a Ponce teníamos un ODS que tratar, la importancia del mismo no ha perdido valor, pero no se puede ignorar lo que sucede. Por lo que, después de darle al desastre visibilidad, la curiosidad sobre la abolición de la esclavitud sigue ahí.

Melania nos muestra el monumento cuyo valor histórico es incalculable y nos introduce la realidad que hay detrás de él. Gracias a Janis, de Puerto Rico al sur, y a David Santiago, poeta táino, nos adentramos en un mundo de emociones. El pueblo está luchando contra los terremotos y ellos están ahí para dar voz a aquellos que la perdieron en las aguas del Atlántico.

La belleza en el binomio de la unión del pueblo africano y originario es indescriptible. Es irónico como la educación en una histórica contada con fines manipuladores nos hizo pensar que llegamos a una tierra yerma, incivilizada y que debíamos conquistar. Qué triste es pensar lo que el mundo se perdió por nuestro afán de colonización. Pero la historia no deja pie al juicio por lo que los herederos de ese linaje están dispuestos a recuperar su legado cultural.

La poesía, la música, elementos tan simples como el tambor albergan una serie de conocimientos que no se transmiten a través de los libros, si no a través de la sangre.

En muy poquito tiempo las personas que compartieron ese día con nosotros, entre risas y lágrimas, nos hizo formar parte de una pequeña hermandad. Los tambores y danzas de Bombazo Dance Co. opacaron los tres seísmos que sufrimos a lo largo de la jornada y que nos pasaron desapercibidos.

Pero la aventura debe continuar. Las condiciones climáticas nos obligan a retrasar nuestra partida por peligros marítimos. No hay que entristecerse, es una oportunidad para seguir disfrutando de la sabiduría puertorriqueña que se nos quedaba en el tintero. Y periodistas como Nelson de InterNewsService nos brinda la oportunidad de contar desde nuestra experiencia privada cómo hemos vivido esto.

Por lo que si tuviera que describir a esta isla con una palabra sería: indomable. Su cultura, su gente, su naturaleza, su mar… a lo largo de la historia han intentado ser sometidos de mil maneras políticas, les han intentado generar dependencias económicas. Han sufrido la persecución de su religión, lengua y forma de vida. Siglos y siglos de persistente abatimiento al que se han visto sometidos y, aún así, su esencia no ha cambiado, su lucha no se ha desvirtuado y su propósito sigue tan inquebrantable como cuando los primeros barcos europeos arribaron a sus costas: mantener su libertad.

Con toda esta sabiduría que muchos tardan años en conseguir y nosotros hemos conseguido en días, nos preparamos para nuestro próximo destino: República Dominicana. 

Carmen Gómez Rufo, Odsider